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Análisis: Tercera ola de inquietudes

Ciertamente quisiera ser menos escéptico frente al presente, y debo confesar en estas líneas que el mismo tiempo que llevamos de la pandemia he apelando al buen ánimo, la fe y la esperanza para mantenerme en pie ante tanta incertidumbre. Lo he logrado y me sobran razones para dar gracias al poder divino y espiritual porque presenté síntomas asociados al Covid-19 y pude superarlos.

Sí, el presente no parece nada halagüeño yendo más allá de los registros oficiales que – sin duda – asustan mucho. En Barranquilla y Atlántico, 2.044 casos positivos para Covid-19 fueron confirmados el jueves 29 de abril de 2021. Si ese viene siendo el promedio diario de pruebas confirmadas en la última semana, estaríamos contando cerca de 14.000 personas infectadas – reitero – sólo en la  última semana.

El sábado 1 de mayo hubo 2.029 casos, mientras que este domingo el registro bajó a 1.384 positivos para Covid-19 en el Atlántico.

Es precisamente este alarmante registro el que me lleva a considerar el presente y futuro de cara a las próximas dos semanas y los interrogantes que surgen frente a la realidad que vivimos en razón al denunciado incumplimiento de las Entidades Promotoras de Salud (EPS) en su responsabilidad de identificar, hacer seguimiento y dar atención a los casos Covid-19, lo que en teoría debería ocurrir de forma temprana.

¿Cómo ha sido el seguimiento de estos casos por parte de las cuestionadas EPS?

¿Qué tipo de tratamiento médico efectivo para su recuperación reciben estos pacientes en casa?

¿Cuántas de estas personas contagiadas han tenido que ser trasladadas a centros de atención médica, debido a sus complicaciones?

¿Están siendo estas personas, sin control alguno, libres transmisores de contagio?

¿Hay logística suficiente para monitorear estos casos positivos?

¿Cuántas de estas personas son empleados, reciben salario, subsidio del Estado o viven en medio de la altísima informalidad laboral?

¿Su núcleo familiar está bajo vigilancia médica?

Son inquietudes que en medio de la alerta roja hospitalaria generan mayor incertidumbre por la falta de camas UCI en las principales ciudades del país, al igual que no saber con certeza cuánto tiempo más tendremos que soportar esta pandemia, según anuncio oficial del gobierno nacional en voz del propio Presidente Iván Duque, quien además en su acostumbrada alocución diaria del pasado 28 de abril hizo un trágico presagio al referirse a las marchas públicas contra la reforma tributaria y lo que sería su efecto motivador de mayores contagios.

Pero como si esto fuera poco, cada día es mayor el reclamo de las agremiaciones médicas ante la urgencia de volver al confinamiento estricto por dos semanas, como única y más efectiva medida para detener esta tercera gran ola de contagios, pero también como estrategia necesaria para aliviar el estrés al que está sometido el talento humano del sector salud en medio de sus ya conocidas precarias condiciones laborales y de contratación.

La verdad, también quisiera encontrar razones para ser más optimista ante nuestra cruda realidad.

Por: Freddy Gutiérrez B.       –

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