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Silvia de Fernández: una mamá resiliente

Hace algunos años, Silvia cerraba sus ojos y en su mente siempre tuvo una clara y poderosa visión de lo que quería hacer: la belleza debía estar al alcance de todos.  Se convirtió en madre muy joven y aunque en ese tiempo aún cursaba sus estudios de cosmetología, nunca vio su rol maternal como impedimento a la hora de emprender desde cero.  Laura Valentina y César Augusto, se convirtieron en sus más fieles aprendices al momento en que su sueño de tener un lugar como culto a la estética para todo público comenzaba a materializarse.

Pero vamos por partes.  ¿Cómo comenzó todo?

Desde el año 2008, Silvia tuvo tres intentos de darle vida a su idea de negocio.  En ese entonces, Laura contaba con 8 años de edad y César con 7: “en esos tres intentos, mis hijos fueron testigos de mis ‘fracasos’ y de cómo no hacer peluquería, cosa que agradezco porque me han visto   a partir de mis intentos fallidos, seguir creando, trabajando para hacer crecer mi marca.  Incluso, recordamos en ocasiones juntos cuando tuve ‘bajar las esteras’ y en su momento no se pudo”.

Por eso, Silvia de Fernández, cuenta con un brillo particular en sus ojos que aunque ese espíritu emprendedor siempre la acompañó, su motivación inicial siempre han sido sus hijos.  “No solo me atreví a emprender mi idea para trabajar por ellos, también para que puedan ver a través de su mamá lo que significa sacar adelante un negocio y materializar un sueño: despertar muy temprano y a veces acostarte muy tarde, llevar cuentas, manejar personal y clientes.  Es darles ejemplo y creo que hasta el momento lo he logrado, porque los escucho orgullosos reconocer mi esfuerzo y eso para mí no tiene precio”.

‘Lau’ y ‘Junior’, como cariñosamente los llama, se involucraron aún más en ese sueño hoy día llamado “Stetik Club”, un lugar en el que, más que un centro de belleza integral, es una familia conformada por  clientes y colaboradores que crece a través del tiempo. Silvia conoce lo que es trabajar y quiere que sus hijos estén en esa misma “sintonía”: “en vacaciones mis hijos trabajan conmigo, me apoyan y comenzaron por los puestos más ‘rasos’ por así decirlo.  Empezaron siendo ‘hostess’ (atención y servicio total al cliente), una tarea nada fácil, ya que cuando el local se llena mucho, coordinar cada turno y hacerlo efectivo en un tiempo justo, requiere de concentración y aguante, sobre todo cuando han tenido que lidiar con clientes un poco difíciles e impacientes, terminan insultando a la dueña y resulta que la dueña es su mamá”, comenta entre risas Silvia.

En los diferentes roles en los que sus hijos de 20 y 19 años de edad  han desempeñado en “Stetik Club”, esta madre orgullosa los describe como seres carismáticos, disciplinados y con un amor genuino hacia el trabajo.  Tiene claro que trabajar en equipo es clave y ellos son su “dream team” (equipo de ensueño).

Y aunque Silvia le ha tocado enfrentar un divorcio, críticas de la competencia y una nómina de cientos de trabajadores detenidos en sus labores a causa de la pandemia y aún así seguir respondiendo por ellos, ninguna de estas circunstancias estremecieron tanto su corazón este año como la pérdida de su hija Violeta, una dulce espera que duró muy poco y en el que tuvo que vivir y asumir la experiencia nunca jamás deseada por una madre: la pérdida de un hijo.  “Mi bebé nació pero le faltaba mucho tiempo, solo tenía 5 meses y sobrevivió 5 días.  La verdad nunca pensé vivir la pérdida de un hijo.  La extraño.  Aún recuerdo sus movimientos dentro de mí, sus pequeños ojos y los breves instantes que pasamos juntas, pero entiendo en este momento de mi vida que yo no solo llegué a darle vida a Violeta, ella ha sido un ángel que salvo la mía, porque era un embarazo en el que yo también me encontraba en riesgo”.

Algunos consideran que ha construido un imperio, pero esta barranquillera tiene claro que todo se lo debe a la divina providencia: “así como Dios da, Dios quita y así lo he entendido desde un principio con mi emprendimiento.  Soy una mujer creyente y tengo claro que el gerente de este negocio es Dios y que yo solo soy su administradora”.

Pero había otra visión, otro proyecto pendiente que llevar a cabo: el primer spa de bronceo de Barranquilla.  Sin embargo, a raíz de la pandemia sumado a otros factores, la idea tomó forma dos años después y bajo un nombre que lleva su sello de amor eterno de madre: “Violet Sun”, en honor a su pequeña Violeta.  Y como perfecta sincronía del universo, este proyecto arranca en la fecha en que nacería su bebé: “la inauguración de “Violet Sun” se realizó el día en que mi hija tenía pronosticado nacer.  Para mí, Violeta es un sol que me alumbra diariamente.  Hoy veo a “Violet Sun” como ese bebé que necesita de mí, es una novedosa alternativa para muchas otras madres como yo, que quieren lucir aún más bellas con una piel perfectamente bronceada”.

La mente de un emprendedor es un foco constante de ideas, muchas de ellas sin previo aviso para ser ejecutadas y Silvia lo sabe.  La resiliencia ha sido su estandarte para no desfallecer ante los sinsabores de la vida tanto como mujer, empresaria y madre. Con “Stetik Club”, cambió para siempre el concepto de una ciudad evidentemente marcada por las clases sociales: “este es un club de belleza para todos.  Yo no creé un centro integral de belleza para unos pocos que tengan la posibilidad, no.  Este lugar es para el que tiene un Porsche, pero también para el que quiera venir en bus y disfrutar de la experiencia, así de sencillo”.

Alguien dijo “son hijos del futuro mientras el presente se le muere en las manos”,- refiriéndose a la actual ‘generación de cristal’- y Silvia de Fernández se ha encargado de que sus hijos no hagan parte de esa generación, con la única consigna infalible en su titánica tarea de ser mamá: el ejemplo.

Por: Sandra Escudero

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