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En Barranquilla: convivencia en tiempos de pandemia

Alguna vez, hace muchos siglos antes de Cristo, el ilustre filósofo griego, de nombre Aristóteles (384-322 a. C), dijo: “El hombre es un ser social por naturaleza”… si esta es realmente la naturaleza del ser humano, resulta difícil entender por qué a los hombres les cuesta tanto convivir en sociedad.

Ciertamente, se hace casi imposible no tener relaciones con otros, aunque sea por necesidades mínimas, el día a día requiere lazos con los demás, desde que nacemos y llegamos a ser parte de un hogar y la sociedad.

Así pues, la convivencia necesita pluralidad de personas para ser.

“Es importante convivir bien con los vecinos debido a que son las primeras personas con las que uno puedo contar si se llega a presentar una inesperada situación”, asegura Tatiana Saltarín, residente en Barranquilla.

Sin embargo, la sociedad actual ha moldeado este acto a lo moderno, donde los seres se han vuelto un poco más independientes, aun así, el ADN humano está compuesto por un “químico social”.

La modalidad de esta, la llamada sociedad moderna, es comportarse contradictoriamente a la vida: usando las mismas fuerzas para amarla y para atentar contra ella.

Dando inicio al noveno mes del año, el mes de la celebración de ‘Amor y Amistad’ en Colombia, las redes sociales fueron testigos claves en un acto repugnante de violencia, intolerancia y sobre todo falta de convivencia, en un edificio residencial en Barranquilla: una mujer fue atacada junto a su empleada por pedir a sus vecinos moderar el volumen de su música, porque evidentemente, no todos en el edificio estaban de fiesta.

En este hecho, que ha llegado hasta los tribunales de justicia y provocado manifestaciones de servidores públicos del país, salieron a relucir muchas acciones rechazables, pero sobre todo la falta de convivencia entre vecinos que no respetan el espacio de otros y se rigen bajo lineamientos privados.

Así como estos actos, se viven otros a diario en diferentes vecindarios de la ciudad, que van desde problemas con el volumen de la música, irrespeto a las vidas ajenas, hasta con la basura, los malos olores, incluso las mascotas…

De acuerdo con Tatiana Saltarín, residente en la Ciudadela 20 de Julio “algunos vecinos son chismosos e irrespetuosos. No acatan las reglas, en cuanto a botar la basura en los ligares establecidos. Unos tienen mascotas, las sacan y en vez de recoger el popo, lo dejan ahí, en la terraza de mi casa”.

En criterio de Gabriella Beleño, del barrio La Paz, “no hablo casi con mis vecinos, no hemos tenido problemas. Algunos son bulleros y según lo que me han dicho, son chismoso”.

Vanessa Ribón, quien reside en el conjunto residencial Vázquez, del barrio Boston, considera que “la relación con mis vecinos diría que es normal. Pero, son bulleros y poco empáticos, eso me molesta. Hemos tenido pequeños inconvenientes por su poca colaboración en asuntos del área común”.

Johan Padilla, del barrio Las Gaviotas, cree ser el vecino “que alguna vez ha incomodado por la música, pero, no he tenido problemas con ellos”.

Sin embargo, los casos no son los mismos en todos los barrios de la ciudad, porque hay quienes respetan al otro, aunque necesariamente no se forje una amistad. Un ejemplo es de  Freddy Altamiranda, residente en el conjunto residencial Vizcaya.

“Realmente la relación con los vecinos es buena. Se convive sanamente porque hay unos reglamentos. Nos comunicamos bien y nos saludamos amablemente. Es un conjunto muy organizado”, anotó.

De una forma parecida cómo funciona la supervivencia de los seres humanos, en relación a necesitarse los unos de los otros, funciona la convivencia, con ayuda de valores como: la justicia, el respeto, la tolerancia, la empatía, el diálogo y otros.

Cuando el confinamiento por el COVID-19 empezó en Colombia, el convivir con los vecinos se volvió cada vez más frecuente. Y de lo que se esperaba una buena temporada de solidaridad entre vecinos, logró aumentar los casos de intolerancia y falta de convivencia, muchas reflejadas desde el interior de los hogares.

¿A dónde va a parar esta situación? ¿Qué la causa?

Barranquilla es una ciudad bastante alegre y que encuentra la mejor formar de reflejarla en los altos volúmenes de música y excesos de días de festejos, donde la gente pretende ser independiente viviendo colectivamente, donde nadie desea aceptar sugerencias de nadie, donde todos saben lo que está mal, pero es poco lo que hacen para mejorar la situación.

“Es importante saber convivir, respetando a los vecinos, su espacio, considerando el nivel de ruido que se haga, que, aunque cada quien mande en su casa hay que tratar de no incomodar a las demás personas, para que de esa forma se pueda vivir en armonía”, cree Johan Padilla.

Por: Adriana Ricardo

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