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El chico de una villa empobrecida, que puso el mundo a sus pies con un balón. A un año de su muerte

Mucho se ha escrito sobre Maradona, de sus logros, sus triunfos, sus fracasos, sus glorias, sus adicciones, infortunios y desgracias. Pero de ese chico, que hacía travesuras y maravillas con el balón a los 9 años de edad en su infancia de Villa Florito, un sector lleno de miseria y abandono estatal, ubicado en la periferia de Buenos Aires, en realidad muy poco. Y digo muy poco, por que solamente algunos autores se han atrevido a retratar el verdadero drama que llevaba a cuestas el niño Diego, que al cumplir 15, ya debutaba en la liga profesional, y tenia a cargo la manutención de sus padres y hermanos.

Pobreza, Miseria y Balón.

Tal como lo reseñan algunas de las biografías del 10, la mas reciente, una serie biográfica de la multinacional Amazon Prime Video, estrenada recientemente en su primera temporada, Maradona es el reflejo de una sociedad en la que algunos jóvenes ven en el futbol, la única esperanza de sacar adelante sus vidas, muchos de ellos, sin ninguna otra opción de la de ir a entrenar y probarse en los equipos menores, que dan paso al semi y profesionalismo del balompié; o que algún buscador de talentos se fije en ellos, tal como sucedió en el caso de Diego. Muchas veces sin tener siquiera terminada la primaria, el bachillerato, y tener resueltas las necesidades básicas, alimentación, salud, servicios médicos, agua potable, y saneamiento, el balón es la única opción, e indudablemente que para Diego Armando Maradona lo fue.

Su padre, un humilde obrero, al que cariñosamente le llamaba ´Chitoro´ y su madre, ´La Tota´ quien fue fundamental en su vida, dieron y apostaron todo, para que el ´pelusa´ su apodo de niño llegara hasta donde llego. Según algunos conocedores de la vida intima de Maradona, doña ´Tota´ fue su único y gran amor.

Pelusa, Diego y Maradona.

Poco quedaría del ´Pelusa´. Muy pronto, su hambre literal de éxito, sus ansias de triunfo harían que ese chico, que ya buscaban las cámaras de los telediarios argentinos de la época y lo reseñaban como la gran revelación del balompié, empezara a darse cuenta que el futbol, era la única herramienta que tenia el, y muchos de su condición social, que lo llevaría a la fama, y a cumplir el sueño de darle una casa propia, una vida digna y cómoda a su familia. Pero el éxito no viene nunca solo, (literal) y para el ´Pelu´ no vendría, no señor, al contrario, seria ´la espada china que se enterraría en la garganta´, ´y su familia y amigos, serian los caballos que se lo comerían, cuando no tuvo carne para darles de comer´. Este seria el comienzo de la leyenda, el paso del niño, del adolecente al joven que pondría el mundo a sus pies, con gambetas y malabares, el inicio del mas grande; Diego Maradona.
Atrás se iba quedando el chico villero, de mal vivir. Al entrar a jugar en su primer equipo profesional, Diego, ya ganaba lo suficiente para mantener a su familia, y se mostraba a con solo 17 años, como lo que seria, el gran líder del futbol argentino y mundial. Pero es difícil en sociedades como las nuestras, donde la exclusión es evidente, y la estratificación y lucha de clases se muestra en muchos escenarios, y el futbol no podría ser la excepción. Desde el punto de vista sociológico habría que estudiar ese comportamiento social, donde el futbolista, encuentra el camino para superarse, pero al mismo tiempo encuentra la forma de autodestruirse, quizás por no tener la formación académica básica, quizás por no poseer estructuras solidas o simplemente por que si; no sabría definirlo, o por que viven en mundo de fantasías, en donde en 90 minutos se pueden ganar en dinero, lo que un profesor de catedra de una universidad, o un profesional de rango medio, se ganaría en 20 años trabajando de lunes a viernes, 8 horas a la semana. Y ellos lo saben, Diego lo sabia, su inteligencia natural, su sabiduría popular de barriada, le indicaba que no había marcha atrás, que lo vendría seria fenomenal, así como fueron sus goles y grandes jugadas.

Tampoco Claudia, su esposa y madre de sus hijas, podría controlar lo que tenia Maradona en su cabeza. Nadie, absolutamente nadie, solo el, pero no sabia como, y aun peor, no quería hacerlo. Ese mundo que le tocaría vivir al 10, no seria nada fácil, al encontrar en las drogas, el alcohol, y por supuesto la cocaína, su gran perdición, una forma de refugio, ese sería el sello para su destino ya conocido por todos. Que pasaría si de verdad, hubiésemos ayudado al ser humano que sufría, y no al que nos hacia vibrar con sus jugadas magistrales y esa zurda que temían todos sus adversarios, el que fue utilizado hasta por dictaduras para mostrarlo al mundo con orgullo, pero sin interés en ayudarlo de verdad. A Maradona lo mataron sus amigos, lo mato la sociedad que le aplaudía sus extraordinarias maniobras dentro del campo de juego, pero que lo juzgaba por su comportamiento fuera de la cancha, que se drogue, que se mate con la cocaína, pero que el domingo haga goles y que nos entretenga con su futbol. Ese es el punto de reflexión, pues dirán algunos; ´es que cada uno vive y se mete lo quiere por la nariz´. Si, pero es ahí, cuando debemos analizar el pensamiento individualista, utilitarista, en donde mientras los individuos tengan algo que dar, sirven, pero cada quien que resuelva sus problemas. Lo cierto es que Maradona, fue un genio con la pelota mientras la tuvo en sus pies, el mundo vivió expectante a su maestría, pero nadie o muy pocas personas se fijaron en el ser humano, en el individuo que logro salir de la miseria con sus talentos y goles, que dio felicidad a millones, pero que en el fondo necesitaba ayuda. Tendría que volver a nacer Diego Armando Maradona, para poder decirle que la misma sociedad indolente que lo veía sufrir, y a la que le regalaba lo mejor de su vida, a la que divertía al mejor estilo de los circos de la antigua Roma, fue la que lo mato, y muy seguramente lo volvería a matar.

Por: Anwar Vargas María