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Crónica: el rostro de la paz entre las barras

En los años 30 del siglo XX, en la hinchada de Boca Junior de Argentina había una barra que no paraba de cantar durante los 90 minutos. Fue así como un periodista llamado Pablo Rojas, el “Negro de la Tribuna”, nombró en una de sus notas periodísticas a la hinchada de Boca como el jugador Nº12. Tal fue la acogida, que prontamente el término fue adoptado para referirse así a los seguidores del fútbol a nivel mundial.

En el barrio Ciudadela Metropolitana de Soledad, habita el jugador número doce de Atlético Junior. Un hombre de 64 años de edad que gracias al amor por los colores tuvo la satisfacción de conocer a sus ídolos de la forma en que solo podría hacerlo un verdadero barranquillero.

“En 1976 mi papá me llevó por primera vez al Estadio Romelio Martínez, cuando entraba un adulto y un niño con una sola boleta. Al tercer partido, mi papá vio que podía ir solo y me regalaba la boleta de sombra para ir con otro muchacho; luego comencé a venderla para comprar la de tribuna de sol y me quedara plata. Así fue que comencé a instalarme en la gradería popular”, comentó ese hombre de 64 años, Felipe Alvear Ardila, en diálogo con PRENSA NEWS.

Para entender cómo se vive la fiesta en los escenarios deportivos de Barranquilla solo basta echar una mirada al mismo Carnaval. Ese jolgorio y mamadera de gallo se refleja en los actos más cotidianos. “Felo” incluso se atrevió a cambiarle la orientación de las franjas del escudo de sus amores en el maquillaje que se aplicaba para mostrar su entusiasmo.

“En mi primer maquillaje solo me pinté las mejillas de rojo blanco y azul, después empecé a pintarme toda la cara, me hice el escudo. Luego me di cuenta que al compañero que le decían “Higuita” también lo tenía. Entonces decidí cambiar la posición de las líneas del escudo. Desde ahí más nunca he cambiado el estilo. Cuando juega Colombia dibujo el mapa de un lado de la cara y del otro lado la bandera.” recordó

Así fue como también se constituyó la barra que era conocida como “Lucho Cúcuta Blanco”, nombre que según cuenta Alvear, fue en homenaje al primer utilero que tuvo los tiburones y que además fue quien propició el primer encuentro entre él y Julio Avelino Comesaña.

“Recuerdo mucho el partido contra Bucaramanga, Junior estaba cerca del descenso, no había casi público en el Metropolitano, de repente hubo un contra golpe de Mina Polo y el público se enmudeció. Yo tenía un pito y lo soné como si fuese el árbitro, me salió del alma, Y Mina Polo paró la jugada, el árbitro le dio continuidad y ahí fue cuando el arquero Didier Muñoz le ganó el balón. A los días Junior tuvo práctica y yo me presenté. El utilero le dijo al profesor Comesaña: profe éste fue el del pito que paró la jugada y ahí comencé a ir a los entrenamientos”, resalta.

¿Por qué se hizo tan popular en los entrenamientos?

“El jugador costeño está acostumbrado a estar siempre con el estómago lleno y yo comencé a llevarle raspado de agua de panela y jugo de limón con mandarina que preparaba acá en la casa. Cuando llegaba allá comenzaba a preparar el guarapo, claro, todo con autorización del club. Después de la práctica todos llegaban a donde estaba yo. Después de eso comencé a llevar mango, piña y hasta arroz de pescado a escondidas”, aseguró.

La pandemia también ha hecho que este personaje caribeño se reinvente, sus vestimentas y maquillajes ahora permanecen guardados en las gavetas de sus armarios, incluso el pito que le fue traído desde Chile para anular cualquier jugada de peligro en los partidos de Copa Libertadores.

“Todo eso es exclusivo para ir al estadio, incluso mandé hacer la ropa interior con el escudo”, aseguró entre risas y añadió que “como ahora no se puede asistir, ahora tengo como costumbre de usar el uniforme de local y el de visitante según corresponda”.

Las barras

Una de las barras más numerosa que tiene el Junior en la actualidad es el Frente Rojiblanco de la cual Alvear es uno de los fundadores. Al tocar el tema de rivalidad entre las barras e hinchas del Unión Magdalena, confesó que el vandalismo y los odios no tenían protagonismo en su época.

“Los clásicos no eran para pelea, incluso tengo fotos con hinchas del Unión donde estamos con la cara pintada y la bandera del Unión Magdalena y Junior en el Eduardo Santos. Cuando nosotros íbamos para los clásicos en Santa Marta, las barras nos recibían en el transporte y nos acompañaban a ingresar al estadio. Igual nosotros también los recibíamos acá y nos íbamos todos juntos para los estadios y adentro nos separábamos”, enfatizó.

Según ilustra este juniorista del alma, el problema con las barras explotó con las celebraciones apasionadas de Daniel Iturburo que en ocasiones causaban desórdenes en los estadios. De ahí en adelante muchos fanáticos comenzaron a copiar lo negativo que sucedía en el interior. En Barranquilla incluso hubo protestas y comenzaron a surgir barras como Avalancha, Frente Rojiblanco y Los Cuervos, en la cuales era obligatorio tener una impecable hoja de vida, pero con el tiempo eso se ha dejado de hacer.

Felipe sueña con volver a recorrer el territorio nacional sin el temor de ser agredido por los fanáticos de otros equipos. La situación de la violencia en el fútbol le ha generado una gran tristeza.

“Como uno de los fundadores del frente, siempre estaba pendiente de los que gritaban vulgaridades a nuestros propios jugadores, lo sacábamos porque era un mal ejemplo y eso no era apoyo para ellos. El equipo es como una familia; al estadio también van niños y jóvenes, por eso siempre tenemos que dar el ejemplo, no podemos maldecir ni maltratar a los demás”, puntualizó

“Felo” más allá de un rostro pintado con rojo, blanco y azul es la cara amable en medio de un enfrentamiento sin sentido.

Por: Mary Sánchez

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