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Carlos Duque Salazar: sentimientos de un general

Siendo el primer oficial de Infantería Marina, egresado de la Escuela Naval que logró el grado de General y Comandante, pues, anteriormente, solo los egresados del ejército podían, el general, de Riosucio, Caldas, Carlos Duque Salazar, resume sus 35 años de servicio.

Fue condecorado en diferentes oportunidades y en su amplia experiencia se destaca la docencia en la Escuela Naval, jefatura en la Oficina Administrativa y Protocolo del Ministerio de Defensa, director del periódico de las Fuerzas Armadas, Coordinador Naval de la Expedición Transamérica Británica, y hasta Agregado Naval ante la Embajada de Colombia en Washington, entre otras dignidades que halagan su carrera.

¿Cuándo se despierta el deseo de ingresar a la Escuela Naval?

“Al principio yo iba a ingresar al Ejército. A mi pueblo iba de vacaciones un cadete de la Escuela Naval y me llamó la atención. Me presenté a una entrevista de reclutamiento en Manizales y días después recibí un telegrama diciendo que fui aceptado. Viajé en el año 1954, el 14 de septiembre, entré a la escuela Naval de Cadetes de Cartagena”.

¿En algún momento pensó dedicarse a otra profesión?
“Nunca pensé en la vida civil”.

Sin embargo, cuenta el general, pensó en retirarse por ser muy dura la vida en la escuela, pero, pensó en un profesor que se burló de él en el colegio, dando por hecho que el hoy general, no iba a aguantar la disciplina y compromiso que demanda la vida militar. Luego de estar 5 años en la escuela, se graduó el 21 de noviembre de 1959 e inició su carrera como oficial de Infantería de Marina.

Siendo comandante de la Infantería de Marina de Colombia, con sede comando en Bogotá, un infartó y una operación de corazón abierto lo alejaron de este noble servicio, a sus 50 años.

¿Cuándo y cómo fue su historia en la Reserva Naval de Colombia?
“Un compañero mío, comandante en Cartagena, me propuso trabajar con Los Profesionales de la Reserva Naval y dije que si porque quería hacer algo, y me vinculé en febrero de 1992 a la Reserva en condición de honorario, sin recibir sueldo. Lo hice durante 24 años”.

“Para mi constituyó un reto porque nunca había trabajado con profesionales civiles, gente tan preparada. Y yo acostumbrado a tratar militares, a quienes uno les da una orden y de una vez se cumplía, pero, con los profesionales, yo les daba una orden y me preguntaban ¿por qué? y ¿para qué?, entonces, me daba ira y me frustraba tener que argumentar mis órdenes. Fue duro, pero, tuve la paciencia, los visitaba en sus empresas para ver que hacían y me gané su confianza”.
“Me volví un admirador de los profesionales, de su deseo por servir a la patria desde sus profesiones. Me llenó de orgullo manejar ese cuerpo de humanos tan importantes”.

¿Cuál fue el momento más difícil en su carrera?
“Yo diría que fue cuando ocupé un comando muy importante en San Andrés y Providencia, porque los habitantes, raizales de San Andrés son muy difíciles de manejar. Entonces, como mi esposa hablaba el inglés y a ellos les gustaba, empezaron a tratarnos como si fuéramos de allá. En el año 83 regresé nuevamente a San Andrés, tuve un buen recibimiento porque logré ganarme el cariño de la gente, pero en ese entonces, la isla tenía problemas con Nicaragua y se esperaba que los nicaragüenses invadieran la isla y eso constituyó mucho trabajo. Me mantenía listo para cualquier incursión. Afortunadamente no hubo ese problema”.

¿En algún momento temió por su vida o la de su familia?
“No. Cuando estuve en una guarnición en Puerto Leguizamo, con mis hijos y esposa, tuvimos que mandar a los niños para Cartagena porque no les sentó bien el clima, solo eso. Afortunadamente, cuando estuve allá, la coca aún no había entrado en el sur, entonces no tuve ningún problema de orden público con los narcotraficantes. Pero, ya se rumoraba que la guerrilla y los narcotraficantes empezaban a entrar a la zona, pero, no me tocó esa parte”.

¿Qué le ha enseñado su carrera?
“A tener vocación de servicio. Haber entrado a trabajar con los profesionales de la Reserva, para mí, fue la mejor rehabilitación”.

¿Cuál es su mayor satisfacción en sus años de servicio?
“Para los Infantes de Marina, la mayor satisfacción es llegar a ser el comandante del Cuerpo de Infantería de Marina, entonces, yo alcancé ese logro y prácticamente, me sentí realizado en mi carrera (…) Me sentí muy realizado también al entregar mi puesto en la Reserva, porque conocí mucha gente, viajé a varias partes del país donde hay Reserva Naval y ver la voluntad de trabajo con la que se hacen las cosas allá. La mejor satisfacción es ver cómo la gente lo aprecia a uno y le agradece por las enseñanzas.

General, ¿cómo fue atender la vida familiar y militar?
“Yo tuve suerte. Mi esposa es hija de un almirante, ella conocía como es la vida en la armada. Prácticamente, mi suegro me la entregó entrenada y eso para mí me facilitó mucho la vida en la escuela, porque ella tuvo mucha paciencia conmigo, con los traslados que me hacían, los cambios de colegio de los niños, llegar a partes extrañas y volver a empezar, todo eso es muy traumatizante para la familia, pero con ese entrenamiento que tenía mi esposa, me ayudó mucho. La gente dice que la pareja de uno es la media naranja, pero, mi esposa para mí fue el 99%”.

En las tareas al mando de hasta 8.000 hombres, ¿qué destaca de ello?
“Una de las experiencias que tiene uno con el mando de tropas es que uno prácticamente se vuelve un psicólogo. Yo respetaba las creencias de cada hombre y me gustaba conocerlas para así tratarlos. Yo soy un admirador de los costeños, para mí, son gente muy inteligente. Ese conocimiento de las regiones y sus costumbres, le facilita a uno el manejo de la gente. Yo era feliz manejando gente. Eso para mí fue un valor muy grande”.

¿Usted puede decir con total satisfacción que hizo un buen aporte a Colombia o queda en deuda con eso?
“A veces, en mi retiro, me pongo a hacer una retrospección de los lugares donde estuve, el personal con el que trabajé, los que tuve al mando y recuerdo el resultado exitoso de muchas de las misiones que me encargaban, desde la Armada y la Reserva, que son instituciones al servicio de la patria, eso me genera satisfacción. Ver el respeto con el que se dirigen a uno, es lo que sembré y es lo que recojo. Uno está hecho para el servicio, no hay duda de eso. Lo que hacemos le trae beneficio al país”.

Hasta 2016, el general Duque estuvo vinculado a la Reserva por 24 años. Hoy, con 85 y radicado en Cartagena, muestra su inquietante deseo por “componer el país”, junto a un grupo de oficiales retirados, con quienes celebra reuniones, dos veces a la semana, y que han denominado ‘Mesa redonda’.

Por: Adriana Ricardo

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