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Análisis: Protocolo de la EPS

En medio de esta inesperada, trágica y cada día más impredecible pandemia ocurren hechos que del mismo modo sorprenden y dejan ver la vulnerabilidad en que está nuestra población como víctima de un sistema de salud perverso, inhumano e indolente. Y si bien no estábamos preparados para esto, tampoco hay manera de “justificar” tanto desacierto y mal manejo cuando se trata de la atención a seres humanos y de salvar sus vidas.

Me refiero a la manera cómo desde una Entidad Promotora de Salud (EPS) fue atendido el caso de una mujer que al perecer resultó infectada por covid-19 en su lugar de trabajo, y todo el drama que le ha tocado vivir junto a sus dos hijos, en razón a los protocolos establecidos por el Ministerio de Salud para que tales entidades atiendan la pandemia que ya va por su tercera ola de contagios, sumado a la mutación del letal coronavirus.

Es la historia de quien llamaré *Claudia, para proteger su privacidad, y esa experiencia personal con su EPS en la ciudad de Barranquilla.

Claudia presentó inicialmente síntomas de resfriado y fiebre, por lo que consultó telefónicamente a su médico de confianza, quien le recomendó reportar de inmediato su caso ante la EPS y le sugirió medicación con antibióticos, antigripales y anticoagulantes. Recomendaciones que Claudia no dudó en atender mientras esperaba la respuesta de su EPS. Respuesta que llegó días después con una prueba de covid-19 que ratificó su positividad.

Claudia debió comprar los medicamentos y cumplió en su domicilio esa primera y segunda semana de aislamiento, aplicando también los procedimientos y protocolos preventivos con sus dos hijos en casa. El aislamiento en su habitación, el uso permanente de tapaboca y el lavado constante de manos. Claudia también decidió dar medicamentos a sus hijos bajo la orientación del médico de confianza. Todos en el hogar adoptaron el modo prevención y acción inmediata para ganarle terreno al contagio y evitar alguna gravedad, convencidos que el virus y sus efectos se pueden neutralizar actuando a tiempo.

Del mismo modo su hijo mayor recibió en el trabajo la orden de aislarse tras conocer el empleador la situación que atravesaba al lado de su madre.

Hasta ahí todo parecía normal. Claudia superaba cada día los síntomas, mientras su hijo mayor se encargaba del cuidado de su hermano menor y esperaba por el resultado de la prueba que también le practicaron por precaución.

Pero fue en el décimo día de esta historia, cuando los ánimos se alteraron porque después de haber recibido confirmación telefónica dando cuenta que la prueba del joven hijo de Claudia era negativa, sorpresivamente un correo electrónico de la EPS confirmaba su positividad para covid-19. Aumentaron entonces la angustia e incertidumbre, especialmente preocupados por la salud del menor de la familia. Ahí quedó en evidencia lo que ellos califican como “gran irresponsabilidad de la EPS debido a los protocolos, su tardía e imprecisa reacción”. Y como si fuera poco, antes de superar por completo los síntomas del covid-19, Claudia recibía notificación telefónica que le recomendaba regresar a sus actividades normales. Recomendación que Claudia decidió ignorar por considerar que seguía afectada.

A Claudia no le fue practicada la segunda prueba para corroborar que el virus no seguía en su cuerpo, el hijo decidió practicarse por cuenta propia otra prueba que le permita despejar las dudas y todos esperan que el menor de la familia esté sano.

¿De esta manera cómo es posible creer y confiar en este sistema de salud?

Por: Freddy Gutiérrez B.

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