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Análisis: debe ser

Dos hechos sin precedentes en el plano local colocaron a la comunidad de Ciénaga, en el departamento del Magdalena, en la mira de la opinión pública nacional la semana anterior.

El primero, la acción de vándalos que incitaron  al saqueo de 18 establecimientos comerciales aprovechando la tensión social que persiste en el país con ocasión del paro nacional promovido para rechazar el posteriormente retirado proyecto de reforma tributaria que había sido presentada por el gobierno ante el Congreso de la República. Y aunque ésta podría parecer otra situación más para descalificar, reprochar o condenar en el marco de la opinión oficial sobre los acontecimientos que ya completan 12 días y tienen en máxima alerta a organismos internacionales defensores de los derechos humanos y al mismo jerarca mundial de la iglesia católica sobre lo que está ocurriendo en nuestro país, resulta pertinente buscar respuestas al por qué del segundo hecho acontecido en esta población de cien mil habitantes, precisamente como resultado de la manera en que la misma comunidad terminó involucrada en los saqueos, y  después en algunos casos, fue obligada a devolver parte de la mercancía sustraída de tiendas y almacenes. Aunque también hubo devoluciones voluntarias, según informaron autoridades en el municipio.

Esa que muchos lugareños no dudan en calificar como “la horrible noche” del martes 4 de mayo, se convierte también en un referente para analizar lo ocurrido desde el punto de vista sociológico.

¿Qué razones de causalidad se podrían encontrar ante lo sucedido?

¿Qué relevancia podría tener una falencia de tipo cultural en ese comportamiento de la gente?

En una sociedad donde la honestidad parece más una condición y no una cualidad o virtud, esa misma sociedad en la que se mata por un teléfono celular o en la que hacer lo correcto es ir en contravía a lo acostumbrado, lo sucedido en Ciénaga esa noche podría resultar como lo esperado, cuando de lo que se trata – supuestamente –  es de “aprovechar la oportunidad”. Y con esto no pretendo argumentar que la necesidad de la gente justifique su mala conducta.

Se hace necesario entonces revisar qué factores sociales, culturales o económicos pudieron incidir en ese tipo de conductas. Y del mismo modo, mirar las consideraciones relacionadas con el sentido de pertenencia, el buen ejemplo, la solidaridad y hasta el gran valor de la denuncia ciudadana que en este caso hizo posible que voluntariamente mucha gente decidiera resarcir el daño causado, aunque también el dedo señalador del rechazo ciudadano hizo su efecto.

Finalmente, la denuncia ciudadana ayudó a que la autoridad recuperara parte de la mercancía sustraída de los negocios, fundamentalmente los electrodomésticos, pero queda pendiente atender desde la efectiva acción del Estado los detonantes de este tipo de acciones que bien podemos considerar como señales de alerta si queremos convivir en una sociedad reconciliada, justa y respetuosa.  Sin duda la educación jugará su papel fundamental en ese proceso social de cambio, pero del mismo modo el aprender con el ejemplo resultará clave en pro de conectar a la ciudadanía, especialmente de esa nueva generación de cienagueros, con lo favorable de actuar como debe ser y hacer lo correcto.

Por: Freddy Gutiérrez B.

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