Cultura

Un nuevo estudio explica por qué la música es cada vez más simple

Todos conocemos alguna canción que se nos ha pegado demasiado. La hemos cantado, tarareado y silbado durante horas hasta cansarnos de ella. Estas canciones pegadizas son las más populares y las que más pueden llegar a ser número uno en las listas, pero hay un problema: no hay una manera sencilla de reconocerlas y crearlas. Hasta que no la escucha el público, es difícil saber si una canción va a volverse viral o no.

Diferentes campos de la ciencia se han interesado en estudiar estas canciones pegadizas y buscar qué tienen en común. Saberlo puede tener consecuencias en la industria musical, pero también nos permite entender cómo funciona la percepción musical en el cerebro, e incluso conocer la evolución histórica de la música con nuevos ojos.

Y parece ser que lo que mejor funciona es que las canciones sean algo repetitivas y sencillas, como ha demostrado un estudio reciente de la Universidad de Arizona. Han comparado las letras de las canciones populares de los últimos cincuenta años, comprobando que las canciones con más éxito cada vez siguen patrones más simples, con un vocabulario más sencillo, y repitiendo una y otra vez las mismas palabras.

Juego de repetición

La percepción musical siempre ha permanecido como un pequeño apartado dentro de la percepción auditiva, pero poco a poco los neurocientíficos se van dando cuenta de que nuestro cerebro activa procesos diferentes cuando escuchamos música en comparación al escuchar voces o ruido. La principal diferencia es que la música está formada por sonidos organizados de tal manera que puede hacernos sentir un ligero placer adictivo, haciendo que queramos oír la misma canción una y otra vez.

Para lograr esta sensación, las pruebas apuntan a que nuestro cerebro organiza un juego de predicción de las notas musicales. La música incluye patrones de sonidos que se repiten una y otra vez, con diferente frecuencia. Cualquier frase o sonido que escuchemos es susceptible a ser transformado en música por nuestros oídos, siempre y cuando haya una repetición del mismo. Podemos pensar en ejemplos como dar palmadas o golpear una mesa: un golpe por sí solo no es música, pero la repetición le da la consistencia musical.

Según la canción, podemos escuchar una gran variedad de sonidos y ritmos, pero lo más importante para que la canción sea buena es que la repetición de ellos no sea demasiado grande. Si una canción tiene un patrón que se repite demasiado, acaba cansando pronto y nos aburre. Las canciones pegadizas son repetitivas, pero a lo largo de la canción se van introduciendo diferencias. Algunas notas cambian por otras dentro del patrón, el estribillo sigue un patrón completamente diferente al del resto de la canción, o hay pequeños cambios del ritmo en momentos puntuales. Por ejemplo, todos recordamos la canción de Despacito de Luis Fonsi por esa pequeña pausa en la canción que rompe todo el ritmo previo. Des – pa – cito.

Esos cambios de patrón puntuales nos resultan agradables, y hacen que la canción nos guste. Son aciertos y fallos en nuestra capacidad para predecir la siguiente nota. Los aciertos cuando la canción se repite activan nuestro circuito de recompensa, y los fallos nos mantienen alerta para buscar el siguiente acierto. Al final, mientras oímos la canción aprendemos a predecir cada cambio de nota en la misma. Y cuando llegamos al punto de reconocer la canción al completo, simplemente nos hartamos de ella y buscamos otra.

Dentro de la música clásica es donde más experimentación con patrones musicales nuevos se ha podido encontrar. Hoy en día se aprovechan estos patrones pero usando nuevos instrumentos y posibilidades.

El tiburón, se la comió, el tiburón

Este conocimiento sobre la percepción musical se ha estudiado en las últimas décadas, pero no ha llegado a influenciar del todo a la industria musical. A través de prueba y error, los compositores musicales han desarrollado estrategias musicales que llevan a su propio éxito. Si algo funciona, repiten la misma fórmula. Y probablemente hayan llegado a la misma conclusión de manera colectiva: la repetición, en dosis adecuadas, es pegadiza.

En el estudio de la Universidad de Arizona, han tratado de comprobar si la música y letras de las canciones populares se ha vuelto más simple con el tiempo. Para hacerlo, ha analizado las canciones de los últimos cincuenta años, tomando en cuenta solo aquellas canciones dentro de las listas de éxitos de Estados Unidos. Está claro que existen muchas corrientes musicales que se han podido generar en todos estos años, pero el estudio ha preferido centrarse en las canciones más escuchadas para el público general.

Comprobaron que la letra de estas canciones se estaba simplificando. Hace cincuenta años, las canciones más populares en la lista tenían letras más complejas, con estribillos más cortos que no se repetían con tanta frecuencia dentro de la canción. Con los años, los estribillos crecen, y se abusa más de la repetición de frases dentro de la canción, usando menos palabras diferentes durante la canción. Antes, las letras de las canciones se asemejan más a un poema, y ahora son más parecidas a un lema.

Los autores creen que esta evolución encaja con lo que sabemos actualmente de la percepción musical y la exploración de nuevos temas. La industria musical ha crecido en las últimas décadas, con la inclusión de nuevos artistas a través de otros medios como las redes sociales. Estamos en contacto con muchos tipos de música diferentes, que compiten entre sí por ser las que más escuchemos. En ese ambiente, las canciones más repetitivas y simples serán las que más triunfen.

¿Estamos condenados a la repetición y simplicidad musical en el futuro? No tiene por qué. Como hemos dicho, la repetición tiene un límite, y demasiada repetición vuelve a una canción aburrida. Puede que triunfen las canciones de letra simple, pero vivimos una época de experimentación musical. En los próximos años se generarán nuevos estilos musicales, con nuevos patrones sonoros que explorar, siempre pendientes de conseguir darnos nuevas descargas de placer musical al dar al botón de play. Entre las vertientes de exploración musical, también se ha intentado crear música imposible de predecir. Este estilo se llama música atonal, e incluye patrones musicales que nunca llegan a repetirse a lo largo de la canción, generando una sensación de desasosiego importante al escucharla. Esta capacidad de predicción sonora cambia según el oyente. Todos estamos acostumbrados a patrones musicales diferentes, y podemos apreciar diferencias en las notas musicales según nuestra formación musical. Eso explica que haya tanta variedad de gustos dentro del ámbito musical.

Artículo del portal El Mundo al Instante

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